Yacer

Los huesos puntiagudos se me clavan en el torso. Esa textura suave se mezcla con la sensación de mi piel. Te abrazo fuertemente mientras tu exhalación retumba el silencio de estas cuatro paredes.

Me lleva el ensueño, tu cuerpo se da un estirón para acomodarse, ya casi me dormía. Me empujas con tu espalda para conquistar más espacio en la cama.

Como un baile, casi una coreografía, sé que tirarás del edredón, el frío se cuela entre nosotras, me reconforta tu olor, el mapa para llegar a él lo guarda la costumbre ignorada por nuestra rutina.

La mirada paciente reposa en los secretos de un espacio fortuito de encuentros aparatosos.