Uno

Perdí la confianza en ti, por tergiversar mis emociones, por tu falta de entendimiento, tus malintencionadas lecciones de vida que rompieron mi apego a ti. No había necesidad de enseñarme lecciones a través de un castigo. Cada vez que caminaba ese sendero junto a ti solo pensaba lo poco que me conoces, la falta de energía que emanaba tu capacidad de descubrirme.

Estaba cansada, fui a dormir, era medio día, te pedí que me despertarás para ir al funeral del papá de una de mis amigas. Iríamos juntas.

Fuíste a la cama, llamaste mi nombre, yo no me levanté de la cama. Te fuiste sin mi. Quisiera que la historia acabara aquí.

Me desperté desorientada, no estabas en la casa. Te fuiste sin mi. Quisiera que esta historia hubiese acabado aquí.

Al cruzar la puerta me diste una mirada de victoria, solo dijiste; le dije a tu amiga que no quisiste ir y preferiste dormir.

Te vi atónita, la falta de empatía, la frialdad. Nunca dije nada, durante muchos años esa puerta se mantuvo cerrada, quizás tus ganas de tener la razón bloqueo tu capacidad de dar amor solo por el hecho de mantener mi corazón caliente.

Esa mujer fría parada en frente de mi, decidida en su verdad dejó pasar una hija.