Sin

Con la furia de la promesa rota, sin permiso ni piedad llega sobre el papel la lágrima irreverente, la impotencia frustrada. Cuenta cada caricia fugaz. Imagina que no importas.

Grita su nombre, que tu voz es silencio.

Entre la soga al cuello se resbalan las mentiras, brota la alusión de tu olor. Sepulto el condicional perfecto de cualquier verbo que mi intuición errada logró confesar.

Te llevaste el aire, solo que yo no respiro oxigeno.