Recipiente temporal

El rechine de la cama mal armada, el hot water botter, la galga que comparte la cama conmigo desde hace 9 años, la manta con textura suave y estampado de leopardo, bajo un edredon de invierno, todo para arropar el cuerpo desnudo que visto esta vida, el que me hace humana, se enferma de oscuridad, se enfria de invierno, duerme a deshoras, se hormona una vez al mes.

Un cuerpo de agua contenida, que no fluye, se renueva.

Lo traje a donde no pertece, me lo hace saber en cada mínimo descuido. Me comprime el espíritu, me hace tierra, me expande incomodidad. A la vez se cuida de mi, de esa dejadez, hace que sienta placer, que pueda tocar, me regala órgasmos. Este recipiente tecnológico que caduca, almacena el tiempo y se extingue para reciclar polvo.

Me controla, lo ignoro, me proteje, le maltrato. Lo cuido, me enseña que no sé nada. No le escucho, pero me habla en infinitas lenguas. Este recipiente temporal enfermo de vida, dócil de dolor, efímero de materia, me retiene, me acompaña, me hace uno con todo.

Compañera de vida, déjame quererte.