Moliere

El negro azabache de sus ojos disparó el residuo de ternura que me goteaba lentamente.

Mis labios se mojaban de Mezcal entretanto atentamente escuchaba su sentencia.

Le temblaba la realidad mientras que por debajo de la mesa escondía mis expectativas.

Se mezclaron los ruidos de su monólogo con mi distración. La sal y el limón apasiguaban el aumento explosivo de mi temperatura coorporar, el aliento atascado, sentirías el abrazo de la decepción si pudieras leerme la mirada.

Me toco el pelo, le doy a mis sentidos secuestrados la duda de este encuentro fugaz.