Lo obvio

Se me ahoga la respiración antes de ir a la cama, el estómago el vacío ocupa tanto espacio que me petrifica. Los latidos arrítmicos, la mirada intrínseca en la oscuridad, me tiembla el delirio.

Cierro frustrada la ventana donde quise estampar cómo quiero desnudarte, me quedo quieta viendo pasar la película, digo en voz alta las sensaciones que emergen, la lógica no puede someter al cuerpo emocional.

La calefacción encendida, siempre con frío, me meto debajo de las sábanas sin camisa, por fin cierro los ojos, la diferencia de los tonos de negros no se nota.

¿Dónde custodio el estremecimiento de la energía que me llega de ti? ¿Hay algo menos peligroso que encubrir lo obvio?

Honestamente no tengo idea de cómo ejecutar un bajón de revoluciones, más que ejercitar cada día el malgaste de nuestra vehemencia, jugar a desoír, fingir enfrentar-nos.

Me gustaría comprender por qué siento esta nostalgia.

Repasé la lista de las diferentes maneras de disfrutarte, ninguna van de la mano con la represa que acabamos de comenzar a construir. Goteando optimismo de fraudulentos inventos.

No se leer lo evidente, no puedo verbalizar la aglomeración de desaliento, dentro de lo más pragmático solo te alejas tan rápido como llegaste, solo que no me esperaba el vacío. Se me salen las lagrimas mientras intento acallar el pensamiento. Nunca te pensé, quise esta vez hallar, descubrirte, no viviste en la ilusión, te mantuve a la distancia precisa de la esencia de mi vulnerabilidad.

Justifica con cualquier hecho de tu existencia las ansias de los pensamientos que te transportan a mi, niega diariamente la quietud que sientes al relacionarte conmigo.

Para mi eres tan tangible como lo inconcebible. Todo parece estar lejos, somos un capricho del universo.