Inventiva

Me quede contigo bañandome en tus mentiras ¿Cómo puedo dejarte ir si me hacer el amor cada día?

Estamos jugando a crear narrativas que evocan perversión, te paras detrás de mí, tus ojos desafían cada palabra transcrita a mis hojas en blanco y tu esencia me ensucia la fluidez de la historia.

Ya sé que nunca te enamoras, antes de que te vistas penetrame de esta rutina invasora.

En una lucha aparente, sin enemigos, ni contendiente. Si ya nos conquistamos en la derrota.

Calienta el desayuno mientras te estrecho la facilidad de conciliar las exigencias de necesitarte, un sorbo de café humedece mis labios sobre la mesa de la cocina y la vista desde la primera fila de tu espalda.

¿Así está bien? me pregunta, mientras se voltea, su mirada ida en la idea de permanecer. Da dos pasos hacia mí, acerca su cuerpo, me lame el cuello, sus manos se aferran a mis muslos mientras suavemente se infiltra entre mis piernas, me tira del pelo con ternura, su boca se pierde sobre mis hombros.

Cariño, recuerda que siempre te enamoras, le susurro suavemente al oído.

¿Y si nos perdemos un rato? Jadea.

¿Esos ratos indefinidos, fugaces, llenos de imposibilidades? Quítate la careta del buena amante. Siéntate despojada de falsedad sitúa la mirada sobre la franqueza de cada decisión, esas que tomas sin pensar en ti, donde no existe albedrío. Dispara con valentía a este corazón fatigado de ti.

Te tiembla la mano al verme, se te agota la tenacidad, solo quieres distraerte, sirvete las gotas de sinceridad que se va la concentración invocando mi olor.

Mientras termino de empaparme de café, camina hacia la puerta, que bien conoces el camino de salida.