In normal life

Un desestructurado interés, el magnetismo de la fascinación, el instante del cruce cósmico, la expansión de intuiciones a las que intento ignorar mientras el encantamiento me roba la atención.

Pretendí no darle espacio, ignore el destello que me llevó a acercarme, dosifique la curiosidad.

Dentro de las fantasías amarradas por el exceso de practicidad amplío sutilmente huir del condicionamiento de hallarme herida.

-Tenemos una ventaja, estamos lejos.

La distancia es relativa… ¿o estamos aceleradamente deformando la geometría del espacio-tiempo?

-Nos comeríamos a besos.

Me tiro en el suelo de la cocina, inhalo, exhalo. Inhalo y exhalo. Doy las gracias irónicamente a la falta de contenido relacionado al manejo de sensaciones concedidas por interacciones indescifrables. Cierro los ojos al presente, me voy del ahora, siento el descontrol del afecto y como puedo rebelarme a las reglas que se opongan a ello.

Y respiro, llegó al ahora, desciendo a mi terreno favorito vacío de materialidad, abrazando lo inexplicable, envuelta en la abstracción de lo fugaz. Cuando no quieres estimular al mismo tiempo con la certeza de querer ir en dirección contraria. Sin necesidad de demandar, con ganas de humanizar lo intangible.

¿Cuántos pasos quedan hasta adentrarse en la intimidad de lo incomprensible?

Mientras te proceso, intentando fluir, apartando miedos, viendote desde la curiosidad, sintiéndote en un abismo de inquietud, deshaciéndome, proyectando al universo con la ilusión de palpar el mortal momento del ahora.