Desasosiego

La silueta de la ventana se dibuja en la pared, la luz de la luna casi llena hace ver la habitación teatral. La espalda apoyada en la calefacción, a pesar de no hacer frío está encendida, tal vez para imitar el calor del trópico, quizás para calentar mi corazón.

No pasa ni un carro por la calle, no hay fuegos artificiales.

La vastedad de mi propia compañía no le enseña a mi corazón el camino. El silencio trae muchas herramientas para el desconsuelo.

Permanecer en el presente no calma la aflicción, abrazar al momento no aquieta el anhelo de tener su mirada cerca. Cada día el ímpetu se desvanece, se arrastra con la distancia, se disuelve en el espacio.

Este silencio no proyecta futuro, la luz de la luna no ilumina la senda y tu ausencia no despierta las entrañas.

El refugio en lo fugaz, la esperanza en lo efímero, la compañía de una esencia rota.

Brindaré por el rio de lágrimas que me mantiene a flote, la corriente turbulenta que me mueve para hacerme sentir viva, los vientos que traen olor a cepa, la culpa del abandono, la caricia profunda a las vísceras heridas, el amor absurdo que siento por ti. Brindaré por nuestros malos entendidos, las sonrisas perdidas en la convulsión de encontrarnos, el esfuerzo por descifrarte, el amargo fracaso presente en cada paso.

Levantaré la copa por ti, amigo, que lograste irte quedándote dentro a luz encendida fulminate de ausencia.

Me intoxicaré conmigo misma.