Brío

Sentada junto la taza de café que acompaña el ritual de la mañana, dentro de un aire cálido que emerge de la calefacción, donde el frío ataca desde fuera por los cuatro lados de la casa, la luz que se cuela por la nube gris es uniforme, parece que el tiempo no pasa, parece que el viento no te toca mientras que la humedad se cuela silenciosamente entre sus músculos, habitandote la esencia.

No siento la cafeína, en estos momentos en realidad solo quiero sentir la píldora de B12.

Cada segundo es un torbellino, el mundo parece que se alineó con mi tempo, la tercero décima vez que estamos aquí sintiendo las articulaciones. Respirando decisiones, llorando bajo las luces que emanan desde nuestro interior, ser vulnerable te rompe en tantos pedazos hasta que llegas a encontrarte con todo lo que no eres.

Esos ojos ya no miran para fuera, se cegaron de materialidad, este devenir transita en la calma.

Los otros son inexistentes, transcendimos del desprendimiento. El espejo del que tanto huí, corre detrás de mí con los brazos abiertos. Quiere revelarme ternura.

Me desnude frente a la inseguridad de los otros, irreverente de energía.

Siempre he estado donde tengo que estar solo que ahora me acompañan los amates temporales con la botella de Mezcal, las risas fugaces, la intimidad de tus lágrimas de desespero que mojan mi paciencia, untando el bálsamo del amor propio.

Bajo la luz artificial reposa la tranquilidad de un cuerpo hinchado de humanidad, a la espera de la dilatación de la incertidumbre de un proceso desconocido.