Aquí

Frente al dudable lago, detrás de los pinos se refleja la luz de la ciudad, la nube sobre nosotras que parece nunca descansar.

Cual gente mayor nos sentamos en el banco, en primera fila, en silencio observando el agua imperturbable. Un barco pequeño importuna la calma, se cambia la textura del momento.

Chispea agua sobre nuestra piel.

Ven aquí me murmura al cuello, mientras hace un gesto con sus manos señalando su pierna.

Me siento sobre ella, no siento frío, mi cuerpo se estremece contra el suyo.

El cielo luminiscente, resplandece tungsteno.

El deleite de la trama de sus labios, la calidez de su tez, su cabello empapado goteando por mi brazo, interrumpidas por el sollozo del aleteo de las aves.

Nadie se molesta en abrir los ojos, sin aspiraciones a despertar, lapidando la realidad, no tenemos a donde ir, aquí nos podemos quedar.