Suspendida sin gravedad en el agua caliente de la bañera, con ojos abiertos juzgando mi anatomía.

Nuevamente intentado contar tu historia, la magia es algo que se vive y poco sabe de lenguaje.

El ruido del saxofón me acompaña, me lleva al pasado, en el tejado, con el aire cargado a sal, el aire caliente me abraza. El fugaz momento donde fumas un cigarro con la mirada perdida en el escaso tráfico de una ciudad despertando a la rutina.

Entre tus mayores atributos, una sonrisa ridículamente natural, la inspección de la teatralidad en la realidad, el don de recitar frases de libros, poesía en cualquier momento.

A tu lado se hace común que nos alcance el amanecer.

Bruja.

Poco el gasto para sacarme de órbita, en mi mano cae esa obra de Nietzsche, donde ambos nos sentamos a ojear en el rincón de la habitación cual niños suspirando por un héroe.

Con poca ropa me tiro en la alfombra con vista al azul cálido de un cielo virgen. Siento tu peso liviano sobre mi barriga, tu mirada se suspende en mi panorama.

¿Cuántas de tus frases verdaderamente te pertenecen?

Tus manos no quieren tocarme, tu boca no parece hallar los límites.

La cuidad nos escucha, el sol comienza a sofocar, esta vez no hay alarma que me impida parar.