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Su mayor habilidad es huir en cada instante de dificultad, existe calma en esta distancia e incomodidad en cada recuerdo.

Cada reconexión directamente relacionada con alguna memoria de lo que fué acaba nauseando mi presente.

En el núcleo de mis fibras vibraba la desconfianza que acabo por violar la última migaja de esperanza que tenía en un amor sedentado por la minuciosa disección de mi ser.

Arropada de exhalaciones llueve en una habitación silenciosa dudas de lo que sentí por ti. Este final lleva meses procesandose, en el ahora flota la estabilidad de saber que no estarás cerca.

El camino se despejó, levito de paz.

Mi corazón dejó de sentirte cuando te fuiste la primera vez, nuestro presente no es una sorpresa absoluta, sencillamente un cierre inevitablemente esperado.

Tirar tantas palabras al vacío, asfixiar acciones.

Lo más despreciable quizás es el tiempo invertido en la ilusión inagotable de una empatía imaginaria.

Son esos comportamientos, el circulo vicioso otorgado al fracaso emocional donde sumerges la inseguridad de la soledad ineludible. No es mera casualidad el desenlace de las crónicas que te rodean se liquiden anulando personas.

Esta vez haz logrado un desenlace contradictorio, esta persona también te quiere esfumar, tirando por la borda de un agujero negro cada instante de lo vivido, cada oscilación de lo sentido, el goce de tu olor y la palpitación de la emoción en tu presencia.

Se fué, me fui. Nunca Nos. Solo el yo.